
La hipótesis de que los incrementos o descensos en concentraciones de gases de efecto invernadero pueden dar lugar a una temperatura global mayor o menor fue postulada extensamente por primera vez a finales del s. XIX por Svante Arrhenius, como un intento de explicar las eras glaciales. Sus coetáneos rechazaron radicalmente su teorÃa.
La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (National Academy of Sciences, NAC) también respaldó esa teorÃa. El fÃsico atmosférico Richard Lindzen y otros escépticos se oponen a aspectos parciales de la teorÃa.
Hay muchos aspectos sutiles en esta cuestión. Los cientÃficos atmosféricos saben que el hecho de añadir dióxido de carbono CO2 a la atmósfera, sin efectuar otros cambios, tenderá a hacer más cálida la superficie del planeta. Pero hay una cantidad importante de vapor de agua (humedad, nubes) en la atmósfera terrestre, y el agua es un gas de efecto invernadero. Si la adición de CO2 a la atmósfera aumenta levemente la temperatura, se espera que más vapor de agua se evapore desde la superficie de los océanos. El vapor de agua asà liberado a la atmósfera aumenta a su vez el efecto invernadero (El vapor de agua es un gas de invernadero más eficiente que el CO2. A este proceso se le conoce como la retroalimentación del vapor de agua (water vapor feedback en inglésLa cantidad de vapor de agua asà como su distribución vertical son claves en el cálculo de esta retroalimentación. Los procesos que controlan la cantidad de vapor en la atmósfera son complejos de modelar y aquà radica gran parte de la incertidumbre sobre el calentamiento global.
El papel de las nubes es también crÃtico. Las nubes tienen efectos contradictorios en el clima. Cualquier persona ha notado que la temperatura cae cuando pasa una nube en un dÃa soleado de verano, que de otro modo serÃa más caluroso. Es decir: las nubes enfrÃan la superficie reflejando la luz del Sol de nuevo al espacio. Pero también se sabe que las noches claras de invierno tienden a ser más frÃas que las noches con el cielo cubierto. Esto se debe a que las nubes también devuelven algo de calor a la superficie de la Tierra. Si el CO2 cambia la cantidad y distribución de las nubes podrÃa tener efectos complejos y variados en el clima y una mayor evaporación de los océanos contribuirÃa también a la formación de una mayor cantidad de nubes.
A la vista de esto, no es correcto imaginar que existe un debate entre los que “defienden” y los que “se oponen” a la teorÃa de que la adición de CO 2 a la atmósfera terrestre dará como resultado que las temperaturas terrestres promedio serán más altas. Los cientÃficos han estudiado también este tema con modelos computerizados del clima. Estos modelos se aceptan por la comunidad cientÃfica como válidos solamente cuando han demostrado poder simular variaciones climáticas conocidas, como la diferencia entre el verano y el invierno, la Oscilación del Atlántico Norte o El Niño.
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